Decálogo para ayudar a las almas del Purgatorio, según el Manuscrito del Purgatorio
- Ama a Jesús antes que nada. Es la raíz de todo lo demás. «En el Cielo, sólo será recompensado el amor» (pág. 61).
- Obra solo por Dios. Que Él sea el único testigo de lo que haces. Lo hecho para figurar o por cumplir «no valdrá nada» (págs. 61, 86-88).
- Ofrece cada obra antes de empezarla. Muchas acciones buenas «no tendrán recompensa [...] porque no han sido ofrecidas a Dios antes de realizarlas» (pág. 59).
- Ofrécelas de forma concreta, no vaga. Al comer: «Jesús, nutre mi alma con tu santa gracia, como ahora yo nutro mi cuerpo». Al lavarte: «Jesús, purifica mi alma como yo lavo mi cuerpo» (pág. 102).
- Prefiere la calidad a la cantidad. «Una sola de tus acciones ofrecida por mi alivio, con pureza de intención [...] me consuela más que muchas plegarias vocales» (pág. 110).
- Cuida la acción de gracias después de comulgar. Invita a las almas a adorar contigo a Jesús presente en tu corazón, y hazlo también antes de rezar (pág. 60).
- Ofrece también el trabajo, las molestias y los sacrificios. No solo las oraciones (págs. 60 y 106).
- Santifícate tú: es el mejor sufragio. «Mientras más pronto te perfecciones, más pronto igualmente ocurrirá mi liberación» (pág. 110).
- Reza por muchas almas a la vez, dirigiendo la intención a cada una. Así cada una «tendrá parte como si lo dijeras por cada una». Acuérdate sobre todo de las olvidadas, que son la mayoría (págs. 23 y 83).
- Deja el resultado en manos de Dios. Él aplica lo que se reza «según la disposición» de cada alma. Ni el Día de Difuntos, ni las indulgencias, ni la coronilla funcionan de forma automática (págs. 82, 97-100).

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