Manuscrito de Sor María de la Cruz
Lo que dice sobre el 1 y 2 de noviembre, la Virgen y San Miguel, y los sufragios por las almas
I. El 1 y el 2 de noviembre
En el manuscrito hay dos pasajes de Sor María Gabriela que tocan estas fechas, más una nota de la introducción. La fiesta de Todos los Santos (1 de noviembre) no aparece en sus palabras.
1. El 1 de noviembre (nota de la introducción, pág. 6)
No es palabra de Sor María Gabriela, sino una nota del traductor. Dice que la visión de la Virgen «con su cuerpo» «está en perfecta sintonía con el Dogma de la Asunción que se proclamó más de medio siglo después de estas narraciones, el 1º de Noviembre de 1950, por Pío XII».
2. El Día de Difuntos y su octava (págs. 81-83, entrada «Noviembre-Diciembre 1879»)
Sor María de la Cruz pregunta: «¿El día y la octava de los Muertos aportan alegría y causan numerosas liberaciones en Purgatorio?» Lo que responde Sor María Gabriela:
- Muchas almas salen al Cielo ese día.
- Todas las almas reciben algo, sin excepción. Por una gracia especial, «sólo ese día» todas las almas que sufren se benefician de las oraciones públicas de la Iglesia, también las del «gran Purgatorio».
- No todas reciben lo mismo. El alivio va «proporcionado a su mérito. Unas reciben más y otras menos».
- Para algunas es el único alivio. «Muchas pobres almas purgantes no reciben, por una justicia de Dios, sino sólo este único alivio durante los largos años que ellas pasan en el Purgatorio.»
- No es el día con más liberaciones. «No es durante el día de muertos en el que más almas suben al cielo, sino en la noche de Navidad.»
- Sobre la octava no dice nada aparte. Se menciona en la pregunta, pero la respuesta solo habla del «día de muertos».
En la misma respuesta añade, ya sin referencia a la fecha:
- Las oraciones no siempre llegan a quien se ofrecen. Dios aplica a cada alma lo que quiere, «según su disposición». Para las almas es un dolor más ver que las oraciones ofrecidas por su liberación se aplican a otras.
- La mayoría no tiene a nadie que rece por ellas. «La mayor parte son abandonadas, sin un solo recuerdo, ni una sola plegaria para ellas en la tierra.»
- No saben cuándo saldrán. Solo notan que sus dolores disminuyen y que su unión con Dios se hace más íntima.
3. Entrada del «2 de Noviembre de 1890» (pág. 139)
Va titulada «(Última bendición del mes del Rosario). Recuerdo.» A pesar de la fecha, no habla de los difuntos ni del Purgatorio, sino del Cielo:
- «Son fiestas siempre nuevas que se suceden sin interrupción», «un torrente de gozo que desborda sin cesar en todos los elegidos».
- «El Cielo es, sobre todo, Dios; Dios amado, gustado, saboreado. ¡Es, en una palabra, la saciedad de Dios, y, sin embargo, sin ser saciados!»
- «Cuanto más un alma ha amado a Dios en la tierra y más ha alcanzado la cumbre de la perfección, más ama y comprende a Dios en el Cielo.»
Es la última entrada del manuscrito. Según la introducción, las apariciones duraron hasta noviembre de 1890.
4. Entradas de noviembre que no tratan el tema
- Tres de noviembre de 1880, sin día concreto: sobre el retiro, cómo reprender y los días de primera Misa.
- Una de noviembre de 1886, sin día: sobre las pruebas.
- Entradas del 7 y del 20 de noviembre, y referencias a noviembre de 1873, cuando empezaron las apariciones.
Ninguna menciona a los difuntos ni a Todos los Santos.
II. La Virgen María y San Miguel
El manuscrito no relaciona a la Virgen ni a San Miguel con el 1 o el 2 de noviembre. El pasaje del Día de Difuntos no los nombra, y la entrada del 2 de noviembre de 1890 habla solo del Cielo. Lo que sí dice de ellos en el Purgatorio, sin fecha de noviembre, es lo siguiente.
La Virgen María
- Baja al Purgatorio en sus fiestas y vuelve al Cielo con muchas almas. Mientras está allí, las almas no sufren. San Miguel la acompaña (septiembre de 1879, págs. 56-57).
- Las almas la ven «con su cuerpo», no como a los ángeles (misma entrada).
- En el primer Purgatorio no se la ve. Sor María Gabriela la vio por primera vez al pasar al segundo, el día de la Anunciación. «Esta buena Madre nos habla del Cielo» y, mientras la ven, el sufrimiento parece disminuir (mayo de 1874, pág. 27).
- El 15 de agosto (Asunción): «Hemos visto a la Santísima Virgen. Ella ha regresado al cielo con muchas almas; pero yo me he quedado» (pág. 39).
- Los grandes culpables no la ven (pág. 25).
- A San José lo ven también, pero menos que a ella (pág. 28).
- Ayuda en la agonía a quienes la invocaron toda su vida (pág. 76).
- Una nota de la edición francesa, no la propia vidente, dice que, según «santos y sabios teólogos», se muestra a las almas «sobre todo en los días de sus grandes fiestas» (pág. 27).
San Miguel
- Conduce las almas en las dos direcciones. Viene a buscar a todas las almas ya purificadas, «pues es él quien las conduce al cielo» (pág. 56). También es él quien «lleva a las almas al lugar de expiación» (pág. 63).
- Está presente en la muerte de cada alma. «Es a él a quien yo vi y al que ven todas las almas», como «testigo de la ejecución de la justicia divina» (pág. 77).
- Su presencia sola no alivia. Si viene solo, «sufrimos como de ordinario»; el alivio llega cuando acompaña a la Virgen (pág. 57).
- En su fiesta (29 de septiembre) bajó al Purgatorio y se llevó muchas almas, «sobre todo [...] aquellas que fueron devotas» (pág. 64).
- La mejor manera de glorificarlo es difundir la devoción a las almas del Purgatorio (pág. 63).
- Sobre la coronilla de San Miguel: sus promesas son reales y acortan las penas, pero no sacan de inmediato a quien debe un Purgatorio largo (pág. 97).
Inferencias (no las dice el texto)
- Si San Miguel conduce al Cielo a todas las almas purificadas, las que según el pasaje de Difuntos salen ese día las llevaría él. El texto no lo dice expresamente para el 2 de noviembre.
- La Virgen baja «en sus fiestas». El 1 y el 2 de noviembre no son fiestas marianas, así que por esa regla no habría motivo para suponer una visita suya esos días. El libro no lo afirma ni lo niega.
- Dato del propio texto: la noche con más liberaciones es la de Navidad, no el Día de Difuntos (pág. 82).
III. Después de la Misa: ¿qué es lo más eficaz?
El manuscrito no ordena las prácticas en una lista tipo «primero la Misa, después tal cosa». Pero sí compara expresamente varias veces, y siempre gana lo mismo: las obras corrientes ofrecidas con pureza de intención y en unión con Jesús, por encima de muchas oraciones vocales.
1. Ofrecimiento de obras: lo que más compara a favor
- «Una sola de tus acciones ofrecida por mi alivio, con pureza de intención, cuando estás muy unida a Jesús, me consuela más que muchas plegarias vocales» (págs. 109-110, 1880).
- Ella le pregunta si le aliviaban más sus acciones unidas a Jesús o sus oraciones vocales. La respuesta: lo que Dios atiende es «todo lo que se hace con recogimiento» (pág. 86).
- Para los parientes difuntos: «Lo que más agrada a Dios [...] en sufragio de sus parientes difuntos, no son una gran cantidad de plegarias sino hacer todas sus acciones con una gran pureza de intención y en unión a nuestro Señor» (pág. 131, 1886).
- Hay que ofrecerlas antes de hacerlas. Muchas acciones buenas «no tendrán recompensa [...] porque no han sido ofrecidas a Dios antes de realizarlas» (pág. 59).
- Ofrecerlas de forma concreta, no vaga. Da fórmulas: al comer, «Jesús, nutre mi alma con tu santa gracia, como ahora yo nutro mi cuerpo»; al lavarse, «Jesús, purifica mi alma como yo lavo mi cuerpo»; y así con cada acción (pág. 102).
- Qué se puede ofrecer: el trabajo, los sufrimientos exteriores y los sacrificios (págs. 60 y 106).
- La propia perfección acelera la liberación. «Mientras más pronto te perfecciones, más pronto igualmente ocurrirá mi liberación» (pág. 110).
2. Justo después de la Misa: la acción de gracias
Es lo único que el texto sitúa literalmente después de la Misa. Sor María de la Cruz había invitado al alma a adorar a Jesús, presente en su corazón, durante la acción de gracias tras comulgar. Respuesta: «Si siempre lo hubieras hecho, yo hubiera tenido mayor alivio. Hazlo ahora, y también antes de todas tus oraciones» (pág. 60).
3. Rosario, Oficio y Salterio
- Lo que pide para sí misma (pág. 24): Misas, «algún Rosario rezado por mí», meditaciones bien hechas, «el oficio bien recitado, porque yo no lo recité bien», modestia, jaculatorias («elevaciones») y sumisión a la Superiora.
- Inferencia: varias de esas peticiones reparan sus propias faltas («porque yo no hice nada de eso»). No son una lista general de lo más eficaz.
- La frase de la pág. 99 («Rosarios y coronillas [...] esta oración es la más eficaz en las actuales necesidades») se refiere a la lucha de la Iglesia y de Francia, no a las almas del Purgatorio.
- Salterio por muchas almas a la vez: si se ofrece antes, dirigiendo la intención a cada una, cada alma recibe su parte «como si lo dijeras por cada una». Lo mismo vale para lo que se haga por todas las almas en general (pág. 23).
4. Otras prácticas
- El voto heroico: «muy agradable a Dios, de gran ayuda a las almas del Purgatorio», y quien lo hace, «en lugar de perderlos, ganan más» (pág. 99, con la fórmula del voto en nota).
- Indulgencias plenarias, con reservas (págs. 99-100):
- «Pocas, muy pocas son las personas que las ganan íntegramente», porque exigen disposiciones raras.
- A las almas solo se les aplican según sus disposiciones.
- Una plenaria bien ganada puede liberar a un alma que ya está cerca del Cielo. A las demás, «raramente la indulgencia en su integridad», sobre todo si en vida las despreciaron.
- La coronilla de San Miguel abrevia las penas, pero rezada mecánicamente no libera de inmediato (pág. 97).
- Una limitación de la Misa (pág. 29): a la Madre I. no le aprovecharon las Misas encargadas con sus bienes, porque una religiosa no puede disponer de ellos por el voto de pobreza.
- Ninguna oración se aplica automáticamente. Dios la aplica a quien quiere, «según su disposición» (págs. 82-83).
Síntesis (inferencia)
Después de la Misa, el texto da más peso a hacer el día entero ofrecido, concreto y unido a Jesús, empezando por la acción de gracias, que a añadir más oraciones vocales. Rosario, Oficio, Salterio e indulgencias aparecen como buenos, pero dependen de que se hagan bien y de la disposición de quien los ofrece y de quien los recibe.
(*) Nota aclaratoria
El Manuscrito del Purgatorio recoge las comunicaciones que Sor María de la Cruz, religiosa del convento de Valognes (Francia), afirmó recibir entre 1874 y 1890 de Sor María Gabriela, hermana de comunidad fallecida en 1871. Se trata de una revelación privada. Como toda revelación privada, no pertenece al depósito de la fe ni obliga a creerla (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 67).
La Iglesia no se ha pronunciado sobre su origen sobrenatural. Los directores del boletín Notre-Dame de la Bonne Mort, que lo dieron a conocer en Francia, lo publicaron «como documento puramente histórico y con todas las reservas requeridas por la S. Iglesia, según el decreto de Urbano VIII».
El texto fue examinado por el canónigo Dubosq, antiguo superior del seminario mayor de Bayeux y promotor de la fe en la causa de Santa Teresa del Niño Jesús, y por el canónigo Gontier, censor oficial de libros de la diócesis de Bayeux. Ambos declararon que no contiene nada contrario a la fe ni a los principios de la vida espiritual. La edición francesa lleva el imprimatur de Mons. Giuseppe Palica (Roma), y la edición en español el de Mons. Guillermo Moreno Bravo, vicario general de México (2013). Estos juicios y licencias garantizan que el contenido no se opone a la fe y a la moral, pero no aprueban la autenticidad de las comunicaciones. Por lo demás, conforme a las Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 2024), la Iglesia ordinariamente no declara la sobrenaturalidad de estos hechos.
¿Qué actitud conviene, entonces, ante este escrito? A ninguna revelación privada se le debe fe divina, que corresponde solo a la Revelación pública custodiada por la Iglesia. A lo sumo cabe un asentimiento de fe humana, libre y regido por la prudencia (cf. Benedicto XIV, De servorum Dei beatificatione, II, 32, 11; Benedicto XVI, Verbum Domini, 14). En este caso ni siquiera consta la aprobación de su origen. El lector puede, por tanto, tomar lo que le ayude a crecer en la vida cristiana, como la caridad hacia las almas del purgatorio, la pureza de intención o el amor a la Eucaristía, siempre que concuerde con la doctrina de la Iglesia. Los detalles particulares que el texto ofrece sobre el más allá, como lugares, grados, duraciones o cifras, no deben tenerse por enseñanza de la Iglesia. Su valor no está en satisfacer la curiosidad, sino en mover a la oración por los difuntos y a la propia conversión.

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