Oración Corona franciscana
MODO DE REZAR LA CORONA FRANCISCANA
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| Corona franciscana. 7 decenas de 10 cuentas |
Comienzo:
A) Persignarse: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros
enemigos…
B) Santiguarse: En el Nombre del Padre…
C) Acto de contrición: Señor mío Jesucristo...
Advertencia: En vez de los cinco decenas del Rosario, son
siete misterios:
1.
Primer Misterio o Alegría de la Virgen: LA
ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS.—Un Padrenuestro, diez Avemarías y
un Gloria Patri.
2.
Segundo Misterio o Alegría: LA VISITACIÓN DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN A su prima SANTA ISABEL.—Un Padrenuestro, diez Avemarías
y un Gloria Patri.
3.
Tercer Misterio o Alegría: EL NACIMIENTO DEL
HIJO DE DIOS.—Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
Patri.
4.
Cuarto Misterio o Alegría: LA ADORACIÓN DE LOS
REYES MAGOS.—Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria Patri.
5.
Quinto Misterio o Alegría: EL HALLAZGO DEL NIÑO
JESÚS EN EL TEMPLO.—Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
Patri.
6.
Sexto Misterio o Alegría: LA TRIUNFANTE
RESURRECCIÓN DEL SEÑOR.—Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
Patri.
7.
Séptimo Misterio o Alegría: LA ASUNCIÓN Y
CORONACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.—Un Padrenuestro, diez Avemarías
y un Gloria Patri.
Rezo por el Romano Pontífice
Letanías lauretanas
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Origen:
(Del devocionario franciscano, Vamos tras Él)
ORIGEN DE ESTA DEVOCION. — La Corona Franciscana
o de las Siete Alegrías tiene un bellísimo origen. Refieren las Crónicas
de la Orden Seráfica que en el año 1422 un piadoso joven que, por su tierna
devoción a María Santísima, solía tejer una guirnalda de flores y coronar con
ella una imagen de la Virgen, habiendo entrado de novicio en dicha Orden, y no
siéndole posible tributar este filial obsequio a María, determinó volver al
mundo. No quiso hacerlo sin despedirse de una imagen de la Virgen que se
veneraba en el convento, y, al hacerlo, aparecióesele la Reina de los Ángeles,
consolándole y confirmándole en la vocación religiosa. Díjole, entonces, que en
lugar de la corona de flores terrenas le tejiese en adelante otra de flores que
no se marchitan, rezando cada día un Padrenuestro, diez Avemarías
y un Gloria Patri por cada una de las principales alegrías que ella tuvo
en la tierra.
Consolado el joven novicio, empezó luego esta nueva
devoción, y al practicarla un día en su celda, el Padre Maestro de novicios,
observándole a escondidas, reparó que esta Ángel, que esta ba con el novicio, a
cada Avemaría que éste rezaba, en un hilo de oro que tenía en la mano
ensartaba el ángel una rosa, y después de cada decenario de rosas una azucena
de oro; de cuyas hermosas flores, compuesta una corona, la ponía en la cabeza
del novicio. Pasada la visión, preguntó el Maestro al novicio qué devoción
había rezado, y respondióle que había rezado la Corona en la forma que le había
enseñado María Santísima, con lo que entendió el Maestro el secreto de lo que
había visto.
Se añaden a continuación dos Avemarías para completar
el número de setenta y dos, en memoria de los setenta y dos años que se dice
vivió la Santísima Virgen en la tierra; y luego un Padre nuestro a
intención del Sumo Pontífice, terminando con el rezo de las Letanías
Lauretanas.
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INDULGENCIAS. — Cuantas personas lleven el cordón
franciscano ganan tantas indulgencias plenarias cuantas veces rezaren la
Corona, sin necesidad de confesarse y comulgar, estando para ello en gracia
de Dios.
Los que no lleven el cordón franciscano ganan las indulgencias
plenarias citadas siempre que rezaren en compañía de alguien que ciña el
cordón franciscano, o recen en las funciones de iglesias franciscanas. La ganan
asimismo en las fiestas de cada una de las Alegrías de la Virgen; en las
fiestas principales de María; una vez al mes, con sólo rezar la Corona los
sábados; en la hora de la muerte, etc.. Las indulgencias parciales
concedidas a la Corona franciscana son muchísimas, incluso las propias de
los rosarios crucíferos.
ADVERTENCIA. — No se requiere que el rezo de la
Corona se haga de una vez, sino que pueden distribuirse los Misterios por el
día; ni es necesario meditar en dichos Misterios o Alegrías; ni tener la Corona
en la mano; lo cual hacilísimo el rezo de esta devoción.



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