15 de febrero de 2018

ORACIÓN DE SANACIÓN INTERIOR DESDE EL SENO MATERNO. Del libro las seis puertasd el enemigo.




Oraciones del libro Las seis puertas del enemigo. Escrito por Don Javier Luzón.

5ª Puerta: Heridas de seno materno 5/7

 
ORACIÓN DE SANACIÓN INTERIOR DESDE EL SENO MATERNO pgs. 207-212

Esta oración tiene por objeto pedir a Dios que, por la intercesión de la Madre de su Hijo, sane con la fuerza de su Espíritu, las heridas afectivas que se hayan producido en el inconsciente durante la gestación y los primeros meses de vida extrauterina. Y aquellas otras que hayan quedado en el subconsciente por los traumas del resto de la vida. Mientras la persona siga padeciendo los efectos de sus heridas interiores, conviene que la repita periódicamente, por ejemplo, semanalmente.

En cada cruz , se hace la Señal de la Cruz

            Santísima Trinidad, os alabo, os adoro, os amo y os declaro mi único Dios y Señor; renunciando a toda servidumbre a los espíritus malignos.

            Señor Jesús te ruego que manifiestes tu amor misericordioso y vengas a curar cuanto necesita ser sanado en mi existencia actual y pasada. Tú me conoces mejor que yo mismo, porque eres más íntimo a mi que yo mismo y, mucho antes de mi concepción, me has amado con un amor único.
Mi vida está en tus manos. A tus manos Señor, encomiendo, el instante de mi concepción. Si no fue en un clima de amor, con el deseo de darme la vida, sino en la coacción, en el miedo o la violencia, ven a sanarme, Dios de ternura y bondad.

            Que la Virgen Santísima me geste de nuevo en el Espíritu y me libere de toda influencia negativa que produzca en mí desgana de la vida o tendencias autolesivas hasta la muerte.
Virgen María bendíceme en cada etapa de mi crecimiento de embrión y de feto. Pon tus manos en los primeros meses de mi gestación, cuando aún no había signos de embarazo y puede sentirme abandonado o inseguro. Expande en tu amor en cada repliegue de mi corazón. Curas las heridas que mis padres pudieron causar en mí al conocer mi existencia: sobre todo, la herida del rechazo y sus consecuencias de angustia, inseguridad, opresión, falta de autoestima y opción de rechazo a la vida.

            Señor Jesús te ruego que cures las heridas del segundo mes de mi gestación. Hazme, sentir ¡oh Dios mío!, cuanto valgo para ti. Sobre todo si mi madre experimentó miedo, angustias o traumas cuando me esperaba, si me he sentido no deseado o rechazado por ella o si mi padre tampoco me deseó. Dame la gracia de perdonar a mis padres sabiendo que Tú me has cuidado siempre,  como a la niña de tus ojos ( cf. Sal. 17, 8)

            Virgen Santísima , sana las heridas del tercer mes de mi gestación, cuando se manifestó mi condición masculina / femenina y se configuró mi sexualidad cerebral. Para que con gozo pueda aceptarla y pueda alabar y bendecir a la Trinidad por sus dones. Rechazando toda atadura del maligno, si es que mis padres desearon otra condición sexual par mí.
Ven a sanar, Madre, las heridas del rechazo de mi identidad.

            Madre de Dios, intercede ante el Padre para sanar las heridas que se hayan producido durante el cuarto mes de mi gestación. Sana en mi toda inseguridad, zozobra, miedo o rechazo a una vida extrauterina que pude presentir como dolorosa. Si es que hubo desavenencias conyugales entre mis padres, disgustos profesionales, o, si en ese tiempo mi madre padeció alguna enfermedad, accidente, o, sufrió en exceso por el fallecimiento de un ser querido.
Líbrame, Madre santa, de todo espíritu de muerte e influencias malignas que buscaron que fuese una persona pesimista, negativa, apagada o enfermiza.

            Señor Jesús te alabo, te bendigo y te proclamo como mi único Dios y rechazo toda forma de idolatría. Líbrame Señor, de toda contaminación maléfica si es que, en el quinto mes de mi gestación o en otros, los míos tuvieron algún contacto con la brujería. Ya fuese porque mi madre acudiera a adivinos o curanderos. O bien porque alguien le hubiera hecho un maleficio.
Madre de la Vida, intercede ante tu Hijo para librarme de toda mediumnidad, si en mi vida hubiera alguna conexión con los muertos, por causa de anteriores embarazos de mi madre malogrados o sucesos relacionados con la muerte.

            Sana, Señor, las heridas del sexto y séptimo mes de gestación, cuando el embarazo se hizo más pesaroso a mi madre. ¡Qué tu Madre santísima venga a sanarme y me haga vibrar de alegría en el Espíritu Santo, como hizo con Juan Bautista en el viente de Isabel! Sobre todo si en ese tiempo me hubiera sentido angustiado o rechazado, porque mi madre o no se cuidó, o no recibió la ayuda que entonces necesitaba.

            Madre de Dios, líbrame de mis miedos ante el nacimiento. En tus manos pongo los dos últimos meses de mi gestación y te ruego que sanes toda herida de opresión, angustia y rechazo. Si todo esto me impulsó a huir de la vida, a provocar el parto antes de tiempo o bien retrasarlo, o bien a no querer nacer. Del Señor y Dador de vida alcánzame un amor grande la a existencia, ¡oh Madre Santa!

            Señor Jesús te ruego, que sanes las heridas de mi alumbramiento: los traumas físicos y afectivos que me pudieran perjudicar al nacer, cuando hice irrupción en el mundo de los hombres. Por el poder de tu amor y de tu gracia, dame un gran deseo de nacer y renacer en todo instante, sobre todo el miedo me llevó a intentar ahocarme con el cordón umbilical o bien a ponerme en mala posición para nacer. Madre de bondad, borra en mí toda contaminación visual, auditiva o sinestésica, y todas las secuelas físicas y psicológicas de las heridas y traumas de aquel momento.

            Santísima Trinidad, me recojo ahora unos instantes para acoger y agradeceros la sanación y liberación de las heridas habidas en mi gestación y nacimiento. Gracias, Madre, por haber estado allí para recibirme en tus brazos tranquilizadores. Gracias por ponerme en los brazos de tus divino Hijo, que me acogió al igual que abrazaba a los niños cuando a Él se acercaban. Gracias por presentarme al Padre, haciéndome saber que soy hijo de Dios muy amado y también deseado, sobre quien se ha derramado el Don de tu Espíritu.

            Ahora os presento también los primeros años de mi infancia: ¡Qué tu Luz los ilumine! Si por la frialdad de mi padre o mi madre he sufrido, si no me dieron el amor y la seguridad que debieran, si he padecido carencias de afecto o de caricias tranquilizadoras, ¡oh Señor! , envía tu Espíritu de Amor y haz que tu Madre María me envuelva en sus brazos, me arrulle y me llene de ternura. Que Ella me acoja tal como soy, con mis debilidades de niño pequeño, y que Jesús venga a besarme, a bendecirme y a imponerme las manos como hizo durante su vida terrena (cf. Mc 10, 13-16)

            Señor Jesús, si me he sentido agobiado por un amor demasiado posesivo de mi madre, o bien aplastado por la autoridad de mi padre, sana los recuerdos dolorosos que anidan en mí. Borra también las secuelas de las disputas y tensiones entre ellos que perturbaron mi inocencia de niño y pusieron en mí el miedo a su separación y al abandono. De todo corazón, Señor, perdono a mis padres las heridas que sus actos, palabras y obras hayan podido provocar en mí. Y te doy gracias, Señor, por haberme dado la seguridad que tú me habrías acogido (cf. Sal 27, 10) y nunca me habrías olvidado (cf. Is 49, 15) si mi padre y mi madre me hubieran abandonado.

            Señor Jesús, haz que tu Espíritu Santo me colme de amor, me haga dichoso y libre clamando ¡ Abbá, papá! con todo mi ser. Si me he sentido solo, abandonado y rechazado por los míos o por aquellos con los que contaba, por tu amor sanador dame un sentido nuevo de mi dignidad y su sabia estima de mí mismo (cf. Rom 12, 13). Sé mi consuelo allí donde he sentido el desamor de otros.

            Sana las heridas de los combates que me han traumatizado o que han provocado que me encierre en mí mismo, levantando barreras frente a los demás. Sáname de las heridas profundas, reprimidas, que han endurecido mi corazón: las envidias hacia quienes eran preferidos a mi en la familia, o en el colegio, las rebeldías, las humillaciones, injusticias, la soledad, la amargura de ser marginado, las burlas, los insultos o las calumnias.

            Señor Dios omnipotente, libérame de la carga de toda maldición familiar, ancestral o maléfica que pueda esconderse en mis fracasos, enfermedades o frustraciones. Dame una confianza y un valor renovados, para hacer frente a las pruebas de este mundo. Sé que tu amor me sostendrá en los tropiezos y caídas.

            Señor Jesús, dame la gracia de perdonar a aquellos que no me han amado, de liberarlos de toda deuda hacia mí. Sáname de todos los traumas de mi infancia, de los trastornos de sexualidad, de la inquietud angustiosa, la vergüenza y la culpabilidad. Lava las manchas todas de mi cuerpo y de mi alma y sana las heridas causadas por quienes abusaron de mí, al violar mi integridad física, encadenándome en desviaciones sexuales que hoy me impiden tener relaciones sinceras según tu Voluntad. Ayúdame a afirmarme en mi personalidad de hombre o de mujer. ¡ Qué la Virgen María, Madre Purísima, Inmaculada Concepción, interceda por mí y me sane de toda clase de estos trastornos!

            Señor mío y Dios mío, te ruego también que sanes las heridas de mi afectividad que están ligadas a experiencias amorosas imposibles o que, por cualquier causa, no podían tener buen fin. Haz que te entregue mis aspiraciones y mis fracasos y que en tus manos ponga mis compromisos con los demás. Enséñame a abandonarme de corazón en tu Amor, porque sólo colmas mi deseo de amar y de ser amado.

            Gracias, Señor, por haberme acompañado durante mi infancia y mi adolescencia, por tu Amor, por tu Luz, por tu Verdad. Perdóname si he llegado a pensar que no me querías o que no estabas presente en mis sufrimientos. Perdona también mis olvidos. Sana mis sentimientos de culpabilidad ante a Ti pero que no brotan del amor sino del miedo al castigo por mis rebeldías. Y perdona mis rebeliones contra tu Providencia al ver que me permitías o tolerabas que murieran, me abandonaran o me engañaran personas a las que yo más quería.

            Perdóname las experiencias destructivas a las que me he dado mediante la bebida, las drogas o la pornografía. Sáname de las ataduras contraídas a través de las técnicas de concentración mental, búsqueda de soluciones a mis propios problemas de ocultismo, el espiritismo o el esoterismo. Invoco tu Preciosísima Sangre derramada en la Cruz por mí, para ser perdonado y limpiado de mis pecados. ¡Señor Jesús, que tus Santas Llagas sean el refugio para mi sanación!

            ¡Ten misericordia de mí, Señor! Te doy gracias por tu inmenso amor hacia mi persona. Restaúrame y concédeme una gracia renovada para amar y crecer en tu amor. Que tu Preciosísima Sangre alimente mi corazón, circule por todo mi ser e impregne mi sistema nervioso simpático, parasimpático, consciente, subconsciente, inconsciente, infraconsciente y supraconsciente, mi sistema respiratorio, circulatorio, digestivo, linfático, endocrino, afectivo sexual, inmunológico, epidérmico, óseo, muscular, mis extremidades y órganos internos, para que tú los purifique, restaures, sanes y liberes de toda mancha maléfica.

            Señor Jesús, me entrego enteramente a Ti: en cuerpo y alma, memoria, inteligencia y voluntad. Pongo en tus manos mis ideas, mis sentimientos, mis palabras y obras, mis heridas y fragilidades, mis límites, mis tibiezas, mis durezas de corazón. Y también los odios, malquerencias que me habitan, y todas mis riquezas. ¡Qué el fuego de tu Mirada y su Luz hagan de mi existencia un continuo acto de amor hacia Ti con obras de ternura y de paz para con todos!

            Desde ahora mi pasado y mi futuro quedan en tu Corazón Misericordioso y bajo la llama de amor del Corazón Inmaculado de María. Mis heridas no serán ya heridas porque tu inmenso amor las sana: serán experiencias para edificar mi futuro personal y eterno contigo. Acojo esta sanación y liberación que has obrado en mí.
¡Gracias Jesús, por haberme hecho como soy y por haberme salvado! ¡Aleluya!

            AMÉN, AMÉN, AMÉN

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